Human and Partners | A LA CAZA DEL CROWDFUNDING
El crowdfunding, cuya traducción castellana más extendida se corresponde con micromecenazgo. El crowdfunding se convierte en una alternativa más donde probar suerte, en un entorno económico en el que la escasez de financiación bancaria lastra la creación y desarrollo de proyectos. Sin importar cuál sea nuestra idea y a pesar de que la legislación específica que la regule aún está por llegar, la financiación colectiva puede ayudarnos en mayor o menor medida.
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A LA CAZA DEL CROWDFUNDING

03 Jun 2014, by nacho in Dirección Estratégica, Dirección Financiera

crowdfundingEn una reciente visita a un viejo barco de guerra y justo antes de irme, encontré la  placa que buscaba. Aunque estaban bien visibles, al limpiar con mi guante su superficie de metacrilato, la relación de nombres brilló aún más claramente. Se trataba de donantes de todas partes del mundo. Allí estaban los nombres y apellidos de aquellas personas que, con su aportación monetaria, habían contribuido a que aquel barco se encontrara aquella mañana allí. Un gran honor y un reconocimiento perpetuo para todos. Gracias a ellos, aquel barco de guerra era ahora un arrecife artificial, sumergido a 25 metros de profundidad en el mar del Algarve. Un pecio que, en parte gracias al crowdfunding, permitía la visita de todos los buceadores que, como yo, sintieran la curiosidad de adentrarse en él.

 El crowdfunding, cuya traducción castellana más extendida se corresponde con micromecenazgo, es algo tan antiguo como la economía de la civilización humana. Las diferentes modalidades de limosna, por ejemplo, entendidas en sentido religioso, han constituido una modalidad de crowdfunding que han perdurado durante siglos a lo largo y ancho del planeta. En nuestro mundo occidental y desde la Edad Media, iglesias y congregaciones cristianas de diversa condición, han cimentado gran parte de sus ingresos en las aportaciones voluntarias realizadas por sus fieles.

 Sin embargo, el auge (y el bautismo) del crowdfunding discurre en paralelo al de las nuevas tecnologías, internet y las redes sociales. Estamos ante el típico ejemplo de una realidad que resurge, se expande y muta de una forma a otra, sencillamente por la ampliación de su órbita de influencia (de local a mundial). De la forma originaria de cuestación popular hasta el moderno crowdfunding a nivel global.

 Pero ¿en qué consiste esta forma de financiación? ¿Cuáles son las condiciones en las que resulta apropiado recurrir a esta vía de captación de fondos?

 No soy amigo de las definiciones, así que intentaré ser breve con esta. El crowdfunding  consiste en la recaudación de dinero de forma colectiva organizada y recibida por personas, instituciones o empresas que se basan en la red para conseguir ese dinero, que será destinado a financiar sus esfuerzos, iniciativas y proyectos.

 Ha sido descrita por los gurús de las novedades financieras como una “estrategia de colaboración abierta distribuida”. La aportación se constituye así en una aportación desinteresada.

 ¿Desinteresada? Veamos.

 El acto intrínseco de la donación, en apariencia inocuo y unilateral, representa una transacción comercial, un tipo de intercambio do ut des en el que ambas partes reciben algo. En este intercambio se admiten por lo tanto una amplia gama de variaciones y combinaciones según sea la retribución de la microaportación.

 En la modalidad de crowdfunding que internet más ha contribuido a extender de forma viral, el donante recibe una retribución que suele ser una recompensa de carácter inmaterial, no pecuniaria. Una difusión de su propia imagen o un reconocimiento público que repercuta en su fama pueden ser ejemplos en los que el donante recibe una recompensa de este tipo. El ejemplo que abría este artículo encaja bien en este caso.

 En la modalidad de donación pura, es el propio donante quien se autoadministra la recompensa, en base a unas creencias previas muy arraigadas y a través de unos circuitos mentales que los psicólogos son capaces de describir mejor que yo. Aquí pueden encuadrarse los proyectos que financian iniciativas de carácter caritativo, político, religioso o medioambiental.

 En otros casos, las microaportaciones reciben una retribución económica, en toda regla y sin disimulo. Esta modalidad de crowdfunding ha venido a llamarse Lending-based crowdfunding o Crowdlending, es decir, micropréstamos o microinversiones. La retribución puede consistir, bien en un tipo de interés, bien en un título de participación social. Recuerda asombrosamente al trabajo de captación de fondos que los bancos han realizado desde siempre.

 Lo novedoso (y complejo) de esta “nueva” realidad reside en que, además, cualquier combinación de las modalidades descritas puede ser aplicable. Por ejemplo, en la variante pledge (promesa) el dinero es devuelto al microinversor solo si el proyecto no llega a realizarse, quedando como donación en caso contrario.

 El momento de aceptación de aportaciones también diferenciará un proyecto de otro, ya que podemos recibir donaciones con carácter previo, simultáneo o posterior, no faltando casos en que los interesados pueden aportar dinerito en cualquier momento de la vida del proyecto.

 Por si fuera poco, debemos saber que no es el crowdfunding la única estrategia de colaboración abierta distribuida. Existen otras variante más de esta estrategia, como por ejemplo, la descrita por el perspicaz periodista Jeff Howe como crowdsourcing, que podríamos traducir en parte por outsourcing masivo, o completamente por externalización masiva, es decir, encargar a una colectividad una tarea de nuestra empresa. La industria del software ha hecho un buen uso de esta versión, sacando al mercado versiones beta de videojuegos para que sean probados por un colectivo, con el fin de detectar fallos e incidencias de funcionamiento antes del lanzamiento de la versión completa y definitiva.

 Aunque ciertamente todavía se encuentra en una fase incipiente de desarrollo, el crowdfunding se convierte en una alternativa más donde probar suerte, en un entorno económico en el que la escasez de financiación bancaria lastra la creación y desarrollo de proyectos. Sin importar cuál sea nuestra idea y a pesar de que la legislación específica que la regule aún está por llegar, la financiación colectiva puede ayudarnos en mayor o menor medida.

Para hacerlo realidad, en primer lugar, deberíamos elegir qué modalidad de crowdfunding queremos (o debemos) aplicar, considerando factores tales como lo rentable del proyecto, su difusión o alcance, su impacto en la comunidad o su mayor o menor carácter solidario. Después, tendremos que ponernos manos a la obra con nuestra red de captación, para lo cual podremos usar la arquitectura de nuestro propio sitio web o bien apoyarnos en plataformas especializadas, que ya funcionan a nivel español y global. La visita a estos sitios web que ayudan a recaudar es una buena práctica para aquel que desee ampliar información sobre cómo late este novedoso sector.

 Y sobre todo no olvidar que el crowdfunding no está reñido con otras formas de financiación con las que puede coexistir y complementarse en el seno de nuestra empresa. Aquí también, un experto asesoramiento puede ayudarnos a encontrar la fórmula de financiación que mejor encaje en nuestras necesidades y posibilidades.

 

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